En un apartamento vacío, con muchos cuartos y pocos muebles, hay una cama, un armario con espejo, una cajonera y arriba de ésta, otro espejo clavado en la pared.
Algo malo estoy haciendo, lo sé.
Estoy a media luz. Las manos apoyadas en la cajonera, me veo fijamente en el espejo. Y entonces los escucho. Hay alguien más aquí. Veo sombras en el reflejo, pero cuando volteo, se han ido.
Miro nuevamente hacia el espejo. En cámara lenta veo a unos niños pasar corriendo. La última trae un vestido de marinera y un listón en el cabello.
Me doy la vuelta y los sigo. Unos pasos y veo que se dirigen al armario. Al espejo.
No me estrello. Lo traspaso. Y desaparecen. Volteo y veo cómo se cierra el paso de regreso. Una mano de vieja me toma del pelo y me aleja de mi mundo. Es una anciana, sin dientes. Me avienta hasta la pared.
Estoy en el mismo cuarto, pero del otro lado. Voy hacia la cajonera y me miro de nuevo. No hay nadie. No hay reflejo. Las dos Marianas están del mismo lado.
Y se ríe. No puedo gritar. No puedo despertar.
ms